The Atticus Institute: un falso documental que (casi) podría pasar por cierto

En 1970, a semejanza de una institución similar en la URSS, el Dr. Henry West fundó el Instituto Atticus en EE.UU. con la finalidad de estudiar a sujetos con supuestos poderes paranormales, tales como telequinesia o clarividencia. Tras varios años sin encontrar ningún caso especialmente destacado que realmente pudiera superar sus exámenes científicos, un día aparece Judith Weinstead, una mujer para cuyas espectaculares habilidades nadie podía estar preparado. Es entonces cuando los experimentos comienzan a descontrolarse y, finalmente, el Dr. West y su equipo tienen que acudir a la CIA para que le ayude a controlar la situación.

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Todo lo anterior supone un muy interesante punto de particular para un documental, salvo por un pequeño detalle: todo lo que cuentan jamás sucedió. Sin embargo, la forma de comunicarlo, la conseguida estética setentera y la atmósfera misteriosa harán que desees que hubiese sido verdad.

Desde el texto introductorio, pasando por los testimonios de familiares, de compañeros de trabajo del Dr. West y de otros testigos, hasta la misma fotografía, hacen que el ritmo de The Atticus Institute sea exactamente idéntico al de un documental histórico convencional, lo cual, si no supieras nada, podría hacerte dudar sobre la veracidad de lo que vas a ver (hasta cierto punto, claro). Incluso, puede afirmarse que realmente existieron centros de estudio de corte similar al que nos presenta la película en manos del Departamento de Defensa de EE.UU, pero ese ya es otro tema más propio de Cuarto Milenio.

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– Mira, mamá: ¡sin manos!

En la primera mitad (o quizás algo más) de los escasos 85 minutos de metraje es donde se concentra la mayor parte del interés del documental. La ambientación del supuesto instituto y las declaraciones de las personas que allí estuvieron, harán que te sumerjas en una historia de la que, sin duda, querrás saber más.

Sin embargo, cuando aparece en escena la paciente Judith Weinstead, elemento central de la historia, es -curiosamente- cuando las cosas empiezan a irse de las manos, y no me refiero sólo a los experimentos que hacen con ella, sino también cinematográficamente hablando. Las pruebas iniciales que le practican acentúan el interés sobre lo que está pasando, pero, poco a poco, las cosas empezarán a perder su gracia inicial.

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La señorita Weinstead pensando a ver qué hace para que todos flipen

Cuando ya se hace evidente que las habilidades de la señorita Weinstead tienen un carácter sobrenatural (algo que los genios del marketing ya nos revientan desde la propia portada de la película con la frase ‘Possess the possession’), a mi juicio el asunto empieza a abandonar el buen camino de la ambientación, provocando que quede anulada la suspensión de la incredulidad que todo film busca, especialmente si éste pretende hacerse pasar por un documental medio serio.

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El Dr. West dándose cuenta de que esa tía es más peligrosa que Paquirrín con un micrófono

Se echa en falta también una mayor profundización en los personajes del Dr. West y su paciente estrella. Lamentablemente, sus perfiles acaban quedando muy planos, y la cinta acaba apostándolo todo a la acción y la tensión a través de unos sencillos efectos especiales que hacen su labor, pero denotan el bajo presupuesto y tampoco resultan suficientes para resolver la trama con eficacia. De este modo, por desgracia, la parte final resulta un tanto insípida y atropellada, estropeando un producto que, sin duda, podía haber dado mucho más de sí.

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Hablar, lo que se dice hablar, no habla mucho, pero la lía parda

En definitiva, The Atticus Institute es una película que merece la pena ser vista por los aficionados al género, y que entretiene notablemente en su primera mitad por el buen tratamiento como documental, pero que acaba desbarrando y haciendo que perdamos la ilusión y el suspense que nos transmite al comienzo.

Por tanto, los tan cacareados productores de las famosas The Conjuring y Annabelle, finalmente nos han brindado una cinta que probablemente no acabe pasando por las salas de nuestros cines, con una solvente presentación y un buen arranque, pero a la que le falta un mejor guionista, lo que termina por arruinarlo casi todo. Te quedarás con las ganas de que te hubieran contado más sobre el Dr. West y Judith Weinstead y, sobre todo (y esto no tiene remedio), de que la historia hubiese sido real.

Pablo Ortiz 

(PD: Una vez más, te recomiendo que no veas el trailer o te arruinarán todo lo que merece la pena)

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