The Human Centipede 3: sí, podía ser peor

Ya está aquí, ya llegó. The Human Centipede 3: The Final Sequence se encuentra ya disponible en versión original para quien tenga estómago para soportarla. Y si dudabas -como yo- de que esta última secuela pudiera sorprenderte en su nivel de burradas cinematográficas, créeme: te equivocas. (Nota: si quieres leer la crítica sobre las dos primeras partes de la trilogía, pincha aquí)

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Ya lo advertía el director de la saga, Tom Six: “La tercera parte hará que la segunda parezca una película de Walt Disney”. Y la verdad es que casi, casi, hay que darle la razón. Lo curioso es que lo más estremecedor de la cinta final no se encuentra precisamente en la (previsible) construcción de un tercer ciempiés humano más grande, que por supuesto se produce, sino en todo lo demás.

Resulta evidente que el eje fundamental para la ejecución de The Human Centipede 3 fue algo así como: ‘¿Qué clase de salvajadas podemos sacar para que el resultado se eleve a las más altas cotas de repugnancia de la historia del cine?’. Y lo hiceron. Tan simple como eso. No voy a desvelar el contenido de ninguna escena. Si quieres averiguar qué pasa, tendrás que descubrirlo por ti mismo/a. Y, como muchas veces hago, te recomiendo no ver trailers ni nada que te reviente la experiencia.

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¡Bienvenidos al infierno, cucarachas!

Desde luego, esta última historia del ciempiés humano no es apta para estómagos delicados (aunque nunca lo fue), ni siquiera para estómagos normales, habría que añadir. El contenido de la película resulta tan brutal como absurdo. Desgraciadamente, ese es el punto en que todo pierde su sentido y la razón por la cual todo resulta tan decepcionante, especialmente en su función de cierre de la serie. The Human Centipede 3 no se toma en serio a sí misma, alcanzando algunos puntos de autoparodia vergonzosos e inexplicables, como la parte en la que el propio director de la película aparece en escena interpretándose a sí mismo, que es, sin duda, lo más idiota del conjunto.

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Tom Six, el director, se podía haber quedado en casa en vez de aparecer en su propia cinta.

En la primera parte de la trilogía, todo transcurría con la clásica arquitectura de una película de terror en la que un doctor enloquecido lleva a cabos sus retorcidos experimentos sobre una serie de desgraciadas víctimas. Todo encajaba, era tremendamente impactante y creíble. Por eso se convirtió en una película de culto.

El segundo capítulo (The Full Sequence) partía de un original punto de vista en el que el contenido de la primera resultaba ser sólo una película que un disminuido mental decide imitar. Utilizó recursos de estilo interesantes (imagen en blanco y negro, escasos diálogos para potenciar la enajenación del protagonista, reutilización de actores de la primera interpretándose a sí mismos…), si bien el resultado final quedó -a mi juicio- bastante por debajo de la original.

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No querrías que tu vida estuviera en manos de alguien como él.

Y, finalmente, la tercera es algo así como la culminación de la endogamia. El punto de partida es otra vuelta de tuerca del que ya habíamos visto en la anterior. El protagonista está visionando las dos cintas de The Human Centipede, que son sólo eso: películas de ficción, de manera que lo único supuestamente real es lo que sucede en este capítulo final. Esto le sirve al autor para rescatar a los actores principales de las anteriores (el excelente e inenarrable Dieter Laser en un papel aún más extremo, y al peculiar Laurence R. Harvey), interpretando al alcaide de una prisión en problemas y a su secretario respectivamente.

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Quien encarnara al psicópata de la segunda parte vuelve convertido en secretario.

La película tiene un tono absolutamente desquiciado y excesivo desde el minuto uno. Eso, aunque impacta enormemente, elimina toda opción de resultar verosímil y elimina la -siempre deseable- suspensión de la incredulidad. La situaciones son tan fuertes, casi surrealistas, que pierden así parte de su gracia. El gran delito de The Human Centipede 3: Final Sequence es no haber pretendido ser seria, convertirse en una especie de comedia tonta (ultraviolenta y desagradable, eso sí), que seguro decepcionará a muchos que esperaban -esperábamos- un cierre de la saga a la altura. Tanto es así, que el ciempiés final (sí, ese que ya te enseñan inexplicablemente en el propio cartel de la película y que yo he evitado colgar aquí) te acabará resultando irrelevante.

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Tengo grandes planes para ti

La trilogía del ciempiés humano se despide así de una forma bastante amarga. Ha quedado claro que ha ido de más a menos con cada entrega, pegando un bajón fuerte en calidad (que no en escenas fuertes) en este último capítulo. Me ha dado pena incluso ver cómo una de las interpretaciones más gloriosamente enfermizas y desquiciadas del género de terror (la de Dieter Laser) se ha diluido en esta especie de bufonada gamberra extrema que empaña todo lo conseguido anteriormente.

Quienes gusten exclusivamente del salvajismo gratuito, encontrarán ración doble en Final Sequence. Quienes busquen una buena película de terror que ponga el broche final a una de las peores pesadillas que ha mostrado el género quedarán bastante insatisfechos.

Pablo Ortiz

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