¿Por qué me gusta el cine gore?

Me declaro fan del género gore. Me apasiona ver la sangre correr a borbotones y la verdad, no sé bien por qué. Desde que vi por primera vez la película “Posesión infernal” me di cuenta de esta pasión. No es una situación realista, las escenas no hacen que te metas en la piel de los personajes y los efectos especiales pues la verdad, no son una maravilla, pero el hecho es que se crea una atmósfera en la que te sientes liberado a medida que avanza la película.

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He leído un poco sobre el tema y según los críticos de cine, que son estas personas tan entendidas que sientan cátedra cada vez que hablan, la primera película del genero gore es “Blood feast”. Esta cinta, que recientemente ha celebrado el 51er aniversario de su estreno (6 de julio de 1963), fue duramente criticada en su época por falta de argumento y exceso de sangre. Pero en la mente de su director, Herchell Gordon Lewis, esto era precisamente lo más interesante de su película. Y es que el verdadero hilo conductor, y lo que aporta valor es que la sangre es en sí el argumento del film.

Muchos consideran que Blood Feast es una película horrorosa a más no poder. Guión, actores, decorado, argumento, etc, no pasarían del aprobado. Pero imaginad por un momento la situación del cine en la América de principios de los 60. La censura del código Hays hacía estragos en las películas americanas mientras el cine europeo e independiente se liberaba y pedía paso a nuevas formas de expresión. Justo en ese momento el señor Lewis, que venía de dedicar su vida cinematográfica al cine “nudie”, con repartos de playmates de moda y poco más, decide hacer correr la sangre, mostrar cadáveres mutilados, violentar al público y acabar de echar por la borda el resto de estúpidas normas de la censura americana que seguían vigentes desde principios de siglo. Efectivamente no pasará a la historia como una película de calidad, pero fue pionera y consiguió su objetivo: Explicitar la violencia y la muerte.

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Hay un lado oscuro en los fans del gore, que nos hace disfrutar con la sangre y no lo podemos explicar. Sabemos que lo que estamos viendo no es real. Joder, sabemos que es imposible ponerse una sierra mecánica en lugar de una mano amputada, pero ahí estamos embobados y enganchados para ver que excéntrica ocurrencia salpicará nuestras pantallas en la siguiente escena. Durante muchos años me he sentido como un bicho raro por sentir esa sensación de alivio cuando una película muestra explícitamente cómo el asesino ha dejado la escena del crimen. El cine comercial al que estamos tan acostumbrados nos ha cortocircuitado el cerebro y pensamos que lo auténtico es que el amor triunfa, que los guapos son los buenos y que el bien siempre ganará al mal. Pues en esta vida desde luego que no.

Pero afortunadamente hay un cine que se preocupa de devolvernos a la condición humana y dejar de ser lelos por un momento. Doy gracias al cine por llevarme a lugares incómodos de mi moralidad y creo que en este sentido el género de terror hace un papel importante en todo ello. George A. Romero ya sugiere el colapso de nuestra sociedad en “La noche de los muertos vivientes” en 1968, y fue una pieza clave en el género zombi. Películas más recientes, como la coreana BeDevilled (2010) nos muestran el verdadero terror de la crueldad humana. Por eso creo que soy amante del género gore, porque me doy cuenta de que la violencia que veo es totalmente absurda e irreal y doy más valor a mi vida real. O puede ser que realmente tenga un interés por la violencia extrema y que realmente deba seguir siendo el bicho raro que ve películas de terror.

Germán Navarrete

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