Otras cosas que también dan miedo

«And now for something completely different…»

Cuando escribí el texto introductorio de ¿Qué es iFear? quise dejar claro claro que aquí se iba a hablar de muchas cosas que abarcaban más allá del cine de terror e incluso del mundo del ocio. Esta es una de esas entradas donde dejaremos a un lado la diversión y nos adentraremos en algunos aspectos de eso tan aterrador y escalofriante llamado realidad.

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Hoy hablaré de la educación en España. Sí, ya sé que, a priori, puede no parecer un tema relacionado con el miedo, sino más bien con el aburrimiento, pero eso probablemente sea porque hace tiempo que abandonaste las aulas. Te aseguro que la situación actual da mucho miedo, y no parece que haya nadie muy preocupado por ello.

Veréis. Tengo un buen amigo que es profesor de enseñanza secundaria. Lleva no menos de diez años dando clase, cada temporada en un centro educativo de una ciudad o población diferente pese a ser funcionario con plaza fija, con su oposición aprobada, vamos. Cositas de la Administración del Estado, que tan bien funciona. El caso es que, como no vivimos en la misma comunidad autónoma, nos vemos sólo unas pocas veces al año, y cuando me habla de su trabajo, las declaraciones son tan catastróficas y deprimentes que uno piensa que deberían aparecer en portada de los grandes periódicos nacionales.

El hecho de que mi amigo cambie forzosamente de instituto con el comienzo de cada nuevo curso refuerza la visión de que los problemas que él ve no son de un lugar concreto, sino que se producen con carácter general en todas partes (y en todas las asignaturas). Y ¿cuáles son esos problemas? os preguntaréis. Bueno, pues el asunto es, sencilla y llanamente, que las generaciones que vienen tras nosotros son tan ignorantes, tan pasotas, tan estrepitosamente vagos y con una absoluta carencia de intereses por nada en la vida, que van directos hacia el desastre. Y con ellos, todos nosotros también.

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Mi colega profesor me comenta con asiduidad situaciones en las que, por ejemplo, en un examen, 19 alumnos de un total de 25 dejan el folio absolutamente en blanco. En otras ocasiones se producen ratios semejantes de suspensos ¡en exámenes tipo test, con permiso para consultar los apuntes durante la prueba y habiendo sido avisados con antelación de las preguntas que se les iba a hacer! Acojonante. Ante semejante desidia, lo peor es que la actitud, tanto de la Administración como de los padres (salvo honrosas excepciones) es la de culpar al profesor. “Es que usted no motiva a mi hijo” le llegan a decir a veces, cuando -me consta- mi amigo hace todo posible por despertar la atención de sus alumnos, prestándose incluso a juegos y otras prácticas para hacer amenos los contenidos que serían impensables cuando nosotros estudiábamos.

“Su hijo es un puto vago redomado, un ‘ni-ni’ profesional sin excusa posible, que viene a clase a calentar silla”, eso es lo que habría que contestar a más de un padre o madre -esto lo digo yo-. Lo triste del asunto es que los profesores están entre la espada y la pared. Pase lo que pase, la responsabilidad es siempre de ellos, mientras los padres se lavan las manos en la educación de sus hijos, y las políticas de educación pública sólo se centran en cambiar constantemente los planes formativos y en intentar ‘no traumatizar a los alumnos retrasados’. ¿No traumatizarlos? Vamos, no me jodas. ¿Vosotros sabíais que un alumno no puede repetir un curso más de una vez, incluso si suspende todas las asignaturas? Tiene el pase de curso garantizado, incluso aunque se dedique todo el año a chatear por Facebook.

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El nivel de conocimientos de los chavales de secundaria de hoy lo podemos situar fácilmente entre dos y tres cursos por detrás del que había en los últimos tiempos de la época de la EGB, BUP y COU, algo no tan lejano en el tiempo, y eso es muy grave pero absolutamente real. Los resultados periódicos del informe Pisa nos ridiculizan una y otra vez como el peor país de Europa (junto con Rumanía) en educación. La semana pasada salían también a la luz los datos de otro estudio que indicaba que nuestros alumnos de secundaria eran totalmente incapaces -mayoritariamente- de entender una factura o de interpretar una nómina (y hablo de nóminas con cuatro datos, que he visto las pruebas). Es más, es que no saben ni decidir qué es más barato entre un determinado precio de un producto (por ejemplo, tomates) por lote de 10 kilos u otro por kilos sueltos. Maldita sea, ¡es que no saben hacer ni una regla de tres! Vamos, que no están preparados ni para ir a hacer la compra al Carrefour.

¿Y esta es la gente que nos va a sacar de la crisis, el futuro de España, los que supuestamente pagarán nuestras pensiones? Pues podemos darnos ya por jodidos. Me vais a perdonar, pero yo me descojono mucho cuando escucho por la tele que estamos desperdiciando la generación de españoles más preparada del mundo. ¿La más preparada? ¿Seguro? Hay unos cuantos que sí lo son, y hacen bien -tristemente- en pirarse corriendo de este lugar, pero muchos otros no saben ni escribir, literalmente. ¡Pero si hay universidades en las que están impartiendo clases extra de ortografía a los alumnos! Es de traca… En mi época no aprobabas un examen de selectividad si tenías tan sólo tres faltas, así hubieras hecho el mejor ejercicio del siglo. 

Hay grandes intereses económicos en que España sea un país exclusivamente de camareros y recepcionistas (con todo mi respeto hacia ellos, que son trabajos muy dignos). Quieren que este país sea un lugar de mano de obra barata, ignorante, y que proteste poco, lo justo para aparentar que tienen libertad, y luego para casa a ver Sálvame Deluxe. Están haciendo de nuestro territorio la China de Europa, y a buena fe que lo están consiguiendo. Y que el que pretenda salirse del cauce de la enseñanza pública prácticamente sólo tenga una opción: caer en las garras de la sacrosanta iglesia católica. Jugada maestra. 

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No queda mucho espacio ya para la rectificación política. Va a ser francamente difícil darle la vuelta a esta catastrófica situación. Dice mi amigo que el lema de las nuevas generaciones es: “Lo quiero todo, lo quiero ya, y lo quiero gratis.” Los chavales en realidad no tienen gran culpa; la tenemos todos los demás por permitirlo. Es un problema de educación, una cuestión de España como sociedad degradada y decadente. No, no estamos saliendo de la crisis, estamos más hundidos que nunca en realidad, y esto no se soluciona ni bajando 10 puntos la tasa de paro. No tiene nada que ver.

¿Qué? ¿Que a ti todo esto no te parece terrorífico? Pues a mí sí, ya lo creo. Más que todos los zombies de The Walking Dead juntos, que, en cierto modo, es en lo que nos están convirtiendo.

Pablo Ortiz

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