Carrie: 40 años después

En el ya lejano año 1974, un escritor aficionado estadounidense escribió su primera novela, que le lanzó a la fama internacional. El libro llevaba por título Carrie, y el nombre del autor era -y es- Stephen King. Apenas le pagaron dos duros por los derechos de autor de su novela, pues él no era nadie aún en la escena literaria. Sin embargo, poco más tarde, dichos derechos alcanzaron un valor de cifras millonarias, y el Sr. King comenzó una espectacular carrera como escritor de novelas de terror que llega en plena forma hasta nuestros días.

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Dos años después del éxito de la novela Carrie, llegó la adaptación al celuloide de la mano de Brian de Palma, quien, a su vez, también vio catapultada su trayectoria en Hollywood tras ella (Scarface, Los intocables de Elliot Ness, Atrapado por su pasado, Mission: Impossible…). La película se convirtió así en un clásico indiscutible del cine de terror, que recientemente (disponible en DVD/Blu-Ray desde el 23 de abril) ha recibido un lavado de cara para acercarla al siglo XXI. Y ¿cómo ha salido la cosa? Vamos a ello.

La encargada de llevar a cabo este remake ha sido una mujer: Kimberly Peirce, directora poco prolífica, pues en su filmografía apenas figuran tres cintas en quince años, la primera de las cuales fue la aclamada Boys don’t cry, de 1999, un drama de temática transexual.

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La nueva versión de Carrie es una adaptación muy correcta que la conecta perfectamente con los estándares estéticos y técnicos de hoy en día. Resulta, además, bastante apropiada la elección de una mujer con esa sensibilidad mostrada en su primer estreno para dirigir esta película, pues todo el guión gira en torno al género femenino, si bien es cierto que no se profundiza demasiado en el dibujo de los personajes, algo que hubiera sido deseable. Tampoco es que la cinta original lo hiciera, pero nos hubiera gustado un poco más de ‘chicha’ dramática (de la novela no puedo hablar, pues no la he leído).

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Lo mejor del remake es, sin duda, la pareja formada por la protagonista, Carrie White (Chlöe Grace Moretz), y su fanática madre (encarnada por la siempre eficaz Julianne Moore). No cabe duda que sus actuaciones no tienen nada que envidiar a las originales de Sissy Spacek y Piper Laurie. El regusto que deja la versión actual es claramente satisfactorio, aunque obviamente, el hecho de perder el efecto sorpresa -argumentalmente hablando- deja la experiencia en algo que no pasa de correcto sin más.

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Los efectos visuales son infinitamente superiores y se le ha subido un puntito el nivel de sangre, algo que siempre ayuda a impactar. Como curiosidad, señalaré que en la parte final hay una escena que ha evolucionado estéticamente hasta parecerse en exceso a otra que pudimos ver en Poltergeist, aunque no revelaré cuál para no producir un spoiler (quienes conozcan ambas, probablemente se darán cuenta). No obstante, no sé si será por el toque visual entre casposo y apolillado de la película setentera (con tonos apagados y una realización tan alejada de lo que hoy conocemos como cine comercial), pero me queda la sensación de que la original resultaba más real, más creíble y más oscura. Quizás por eso se merezca ser el clásico del género que el remake no podrá ser nunca.

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Para quien no conozca el metraje original de Brian de Palma, la Carrie actual le resultará más interesante que a mí. Aún así, en cualquier caso, tanto para unos como para otros, creo que la versión 2013 merece ser vista y resulta un trabajo bastante digno. E id acostumbrándoos, porque mucho me temo que a este remake le seguirán unos cuantos con el mismo origen.

Si tenemos en cuenta que la mayoría de adaptaciones de obras de Stephen King suelen ser una porquería (salvo honrosas excepciones), yo diría que en este caso el escritor -que se encuentra actualmente rodando un ‘cameo’ en la segunda temporada de la regulera serie La Cúpula habrá quedado bastante satisfecho. Quizás él no ganara mucho dinero inicialmente con su novela Carrie, pero está claro que, cuatro décadas después, los frutos de esa obra (y de su talento, lógicamente) le han proporcionado mucho más éxito del que cualquier escritor actual puede llegar a soñar.

Pablo Ortiz

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